Violencia entre adolescentes puede dejar huellas emocionales que no siempre son visibles
La presión de grupo no justifica humillaciones ni agresiones. Especialistas explican qué señales pueden advertir violencia entre adolescentes y cómo deberían reaccionar familias y colegios.
Aislamiento, miedo, cambios en el sueño, irritabilidad o una caída repentina en el rendimiento escolar pueden advertir que un adolescente atraviesa una situación de violencia. Especialistas recomiendan a padres y colegios escuchar antes de juzgar y hablar abiertamente sobre consentimiento, límites y presión de grupo.
Una broma deja de serlo cuando alguien es humillado, sometido o participa contra su voluntad. Esa frontera, que muchas veces puede diluirse dentro de los grupos de adolescentes, vuelve a estar bajo atención tras recientes casos de presunta violencia entre escolares ocurridos en el país.
El Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado–Hideyo Noguchi (INSM) advirtió que la necesidad de pertenecer a un grupo y la presión ejercida por los compañeros pueden influir en las decisiones de los adolescentes, pero de ninguna manera justifican actos de violencia, humillación o contactos físicos o sexuales sin consentimiento.
LAS SEÑALES QUE PUEDEN APARECER EN CASA
No siempre un adolescente contará inmediatamente lo que le ocurrió.
Después de atravesar una experiencia de violencia pueden aparecer cambios como aislamiento, miedo, vergüenza, irritabilidad, alteraciones en el sueño o la alimentación, problemas para concentrarse, disminución del rendimiento escolar o rechazo a determinadas personas y lugares.
Estas señales, por sí solas, no demuestran que haya ocurrido una agresión. Sin embargo, constituyen cambios que padres, familiares y docentes no deberían pasar por alto.
El Ministerio de Salud también ha advertido que situaciones de acoso pueden afectar la salud mental, la asistencia a clases, el aprendizaje y la convivencia escolar. Entre las manifestaciones que pueden presentarse figuran ansiedad, tristeza, retraimiento social y rechazo a acudir al colegio.
ESCUCHAR ANTES QUE INTERROGAR
¿Qué hacer cuando un adolescente decide contar lo ocurrido?
La primera reacción del adulto puede ser determinante. La recomendación de los especialistas es evitar los interrogatorios, reproches o expresiones que minimicen la situación.
Escuchar con calma, evitar culpabilizar y buscar apoyo profesional cuando sea necesario puede ayudar a recuperar la sensación de seguridad del adolescente.
Rolando Pomalima Rodríguez, especialista del INSM, sostiene que esa confianza no debería comenzar recién cuando surge un problema. La comunicación entre padres e hijos necesita construirse cotidianamente para que el adolescente encuentre un espacio donde pueda hablar de sus amistades, temores y conflictos sin miedo a recibir inmediatamente un castigo.
APRENDER A DECIR “NO” TAMBIÉN ES PREVENCIÓN
Otro punto central es hablar claramente sobre presión de grupo y consentimiento.
Pertenecer a un grupo no significa aceptar todo lo que este propone. Un adolescente necesita reconocer que puede negarse a participar en una acción que humille o lastime a otra persona y que también puede intervenir o pedir ayuda cuando observa que un compañero está siendo vulnerado.
Especialistas plantean trabajar la empatía desde situaciones cotidianas: preguntarse cómo puede sentirse la otra persona, si realmente está de acuerdo con determinada acción o cuáles podrían ser las consecuencias antes de actuar.
El objetivo es introducir algo aparentemente sencillo pero decisivo: pensar antes de seguir al grupo.
FAMILIA Y COLEGIO, UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
La prevención tampoco termina en casa.
Los colegios tienen protocolos para atender situaciones de violencia y la intervención debe involucrar a directivos, responsables de convivencia escolar, docentes y familias, de acuerdo con los lineamientos del Ministerio de Educación. (Repositorio Minedu)
Hablar de consentimiento, respeto, amistad, presión social y límites no debería ocurrir únicamente después de un caso grave.
La advertencia que dejan los especialistas es sencilla: detrás de aquello que algunos adolescentes pueden considerar una “broma” podría existir otra persona sintiéndose intimidada, humillada o incapaz de decir que no.