Opinión

Elecciones en Pasco y la pregunta que los candidatos todavía deben responder

Las campañas electorales apelan cada vez más a las emociones y las redes sociales. Las reflexiones del consultor Antoni Gutiérrez-Rubí permiten analizar si los candidatos de Pasco están respondiendo a los problemas de la región o concentrándose en sus propias disputas.

11/10/2026 6 min de lectura
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En una campaña marcada por las redes sociales, las rivalidades políticas y la búsqueda de protagonismo, hay una interrogante más importante que cualquier eslogan: ¿están los candidatos hablando de los problemas que realmente preocupan a los pasqueños?

Las campañas electorales han cambiado. Los mítines, las caravanas y los afiches siguen presentes, pero ahora compiten con transmisiones en vivo, videos cortos, encuestas difundidas en redes sociales y enfrentamientos que pueden convertirse en noticia en cuestión de minutos. En medio de tanto ruido, resulta cada vez más difícil distinguir entre un candidato que tiene propuestas y otro que simplemente sabe llamar la atención.

El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí, quien ha participado en cerca de 60 campañas electorales en 11 países, plantea una reflexión pertinente en un artículo publicado en El País: las elecciones actuales dependen cada vez más de la psicología social y no solamente de las técnicas tradicionales del marketing político.

Su análisis parte de una idea fundamental: comprender cuál es la pregunta que realmente define una elección. No necesariamente la que formulan los candidatos, sino aquella que los ciudadanos intentan responder cuando acuden a votar.

Trasladada a Pasco, esta reflexión adquiere especial importancia.

¿Cuál es la pregunta de las elecciones en Pasco?

¿Quién puede administrar mejor los recursos públicos? ¿Quién tiene capacidad para resolver los problemas de agua potable, salud e infraestructura? ¿Quién puede promover oportunidades económicas en una región donde la minería convive con importantes demandas sociales?

O quizá la pregunta sea todavía más sencilla: ¿en quién se puede confiar?

Son interrogantes distintas y no necesariamente existe una sola respuesta para toda la región. Las preocupaciones de un ciudadano de Chaupimarca pueden diferir de las de un agricultor de Oxapampa o un poblador de Daniel Alcides Carrión.

La dificultad está en que muchas campañas parecen construirse alrededor de sus protagonistas. Importan más las declaraciones del candidato, sus enfrentamientos o la cantidad de personas que reúne en una plaza que la discusión sobre lo que propone hacer desde el gobierno.

Pero una elección regional o municipal no debería convertirse únicamente en una competencia de popularidad. También tendría que permitir a los ciudadanos comparar capacidades, antecedentes y propuestas.

Cuando las emociones pesan más que las propuestas

Gutiérrez-Rubí sostiene que los ciudadanos reciben información por múltiples canales y que sus creencias e identidades influyen significativamente en sus decisiones electorales.

Esto ayuda a entender por qué las campañas no pueden analizarse únicamente desde sus planes de gobierno.

La confianza, la identificación con un candidato, la esperanza de cambio y el rechazo hacia determinadas figuras políticas forman parte del comportamiento electoral.

En Pasco, estas emociones también podrían influir en la manera en que los ciudadanos evalúan a sus autoridades y candidatos. Sin embargo, sería necesario contar con estudios de opinión para determinar cuáles tienen mayor peso entre los electores de la región.

El problema aparece cuando la emoción reemplaza por completo al debate.

Un candidato puede despertar entusiasmo sin explicar cómo financiará sus promesas. Otro puede presentar propuestas técnicamente elaboradas y no conseguir que la ciudadanía confíe en su capacidad para ejecutarlas.

Ninguna de las dos situaciones garantiza una buena gestión pública.

Una plaza llena no equivale a una elección ganada

Las concentraciones multitudinarias suelen presentarse como demostraciones de fuerza política. Algo semejante ocurre con las publicaciones que acumulan miles de reproducciones, comentarios y reacciones en Facebook o TikTok.

Pero conviene establecer una diferencia.

La asistencia a un mitin demuestra capacidad de convocatoria. Las interacciones digitales reflejan actividad en redes sociales. Ninguno de estos indicadores, por sí solo, permite anticipar con certeza el resultado de una elección.

Las redes pueden amplificar determinadas opiniones sin representar necesariamente lo que piensa la mayoría de ciudadanos.

Por eso, medir la aceptación de una candidatura exige algo más que contar asistentes, seguidores o comentarios favorables.

Los acontecimientos que pueden cambiar una campaña

Otro concepto desarrollado en el análisis de Gutiérrez-Rubí es la influencia de los acontecimientos inesperados, capaces de modificar las prioridades de la conversación electoral.

Una crisis de abastecimiento de agua, una emergencia sanitaria, una denuncia sustentada de corrupción o un conflicto social de gran magnitud pueden desplazar los temas que hasta entonces dominaban el debate público.

En una región como Pasco, donde existen desafíos relacionados con los servicios básicos, el ambiente y la infraestructura, estos acontecimientos podrían poner a prueba las respuestas de las autoridades y las propuestas de quienes aspiran a reemplazarlas.

Sin embargo, no todo episodio de impacto constituye un cambio decisivo en una campaña. Para determinarlo sería necesario observar si modifica de manera sostenida las preocupaciones ciudadanas y las preferencias electorales.

La segunda vuelta plantea nuevas preguntas

La segunda vuelta regional introduce un escenario diferente. Con menos alternativas en competencia, cobra importancia conocer qué esperan los ciudadanos que apoyaron otras candidaturas y cuáles son sus prioridades.

No se puede asumir que los votos de un candidato eliminado pertenezcan automáticamente a otro.

Tampoco que las alianzas entre dirigentes representen necesariamente las preferencias de sus electores.

En este contexto, el análisis político debería prestar atención a las propuestas que presentan las candidaturas, sus antecedentes, la confianza ciudadana y los compromisos que estén dispuestas a asumir públicamente.

En las elecciones municipales, en cambio, las prioridades pueden variar considerablemente entre provincias y distritos. Una campaña en Cerro de Pasco no enfrenta necesariamente las mismas demandas que otra en Yanahuanca, Villa Rica o Puerto Bermúdez.

Menos espectáculo y más respuestas

La principal enseñanza del análisis de Gutiérrez-Rubí no debería interpretarse como una invitación a manipular las emociones ciudadanas. Más bien, permite comprender que las elecciones son procesos sociales complejos, donde intervienen tanto las necesidades materiales como las percepciones y expectativas de las personas.

Para el periodismo, el desafío consiste en no dejarse arrastrar únicamente por los conflictos que generan más atención.

Una declaración polémica puede convertirse rápidamente en tendencia. Una propuesta presupuestal bien sustentada probablemente reciba menos comentarios. Sin embargo, esta última podría tener consecuencias mucho más importantes para la vida de los ciudadanos.

De allí la necesidad de preguntar cuánto cuesta una promesa, de dónde saldrán los recursos, si corresponde a las competencias de la autoridad que la ofrece y qué antecedentes respaldan su cumplimiento.

En Pasco, las campañas merecen ser examinadas más allá de los afiches, los mítines y las disputas personales.

Porque, al final, la pregunta más importante quizá no sea quién domina la conversación electoral, sino si esa conversación está abordando los problemas que la región necesita resolver.

Y esa es una responsabilidad compartida entre los candidatos, los ciudadanos y los medios de comunicación.

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