Contar la historia de Pasco también significa reconocer a quienes la investigaron
Las redes sociales han abierto una extraordinaria oportunidad para acercar nuestra historia, folclore y costumbres a las nuevas generaciones. Pero detrás de muchos datos que hoy circulan en videos y pódcast existen años de trabajo de historiadores, escritores, periodistas e investigadores. Mencionar esas fuentes no resta mérito al creador digital: fortalece su trabajo y preserva la memoria de quienes hicieron posible conocer nuestro pasado.
Las redes sociales han abierto una extraordinaria oportunidad para acercar nuestra historia, folclore y costumbres a las nuevas generaciones. Pero detrás de muchos datos que hoy circulan en videos y pódcast existen años de trabajo de historiadores, escritores, periodistas e investigadores. Mencionar esas fuentes no resta mérito al creador digital: fortalece su trabajo y preserva la memoria de quienes hicieron posible conocer nuestro pasado.
Hay algo valioso que está ocurriendo en las redes sociales y que merece ser reconocido. Cada vez más jóvenes utilizan videos, pódcast y distintas plataformas digitales para hablar de la historia de Pasco, sus personajes, tradiciones, música, costumbres, acontecimientos y lugares emblemáticos.
Es una buena noticia.
Gracias a estos nuevos formatos, información que durante muchos años permaneció principalmente en libros, periódicos, archivos, fotografías o investigaciones especializadas puede llegar ahora a miles de personas en cuestión de minutos.
Un video breve puede despertar en un adolescente la curiosidad por conocer Cerro de Pasco, sus orígenes, su historia minera, sus antiguas calles, sus personajes o las expresiones culturales de nuestras provincias y distritos. También puede acercar nuestra tierra a los pasqueños que viven lejos y permitir que un niño descubra historias que probablemente nunca había escuchado.
Las nuevas generaciones tienen otras maneras de consumir información. Pretender que nuestra historia permanezca únicamente entre las páginas de los libros sería desconocer una transformación que ya forma parte de nuestra vida cotidiana.
Pero precisamente porque estas nuevas formas de comunicación tienen tanta capacidad de difusión, también implican una responsabilidad.
Esa historia no nació en las redes sociales
Buena parte de la información histórica que hoy encontramos convertida en videos de uno, tres o diez minutos no apareció con Facebook, YouTube, TikTok o los pódcast.
Mucho antes hubo personas que dedicaron una parte importante de sus vidas a recuperar la memoria de Pasco.
Historiadores, investigadores, escritores, periodistas, docentes y ciudadanos revisaron archivos y periódicos antiguos; buscaron documentos que muchas veces permanecían olvidados; entrevistaron a nuestros mayores; recopilaron fotografías; registraron tradiciones orales; recorrieron pueblos y comunidades; contrastaron testimonios y finalmente publicaron libros, artículos, crónicas y diferentes trabajos de investigación.
Lo hicieron cuando investigar significaba acudir físicamente a una biblioteca o un archivo, revisar página por página antiguos documentos, conversar durante horas con los protagonistas y conservar testimonios que, de otra manera, posiblemente se habrían perdido.
Ese esfuerzo tiene un enorme valor.
Y ese trabajo tiene autor.
Mencionar la fuente no resta mérito
Por eso, cuando utilizamos información proveniente de una investigación anterior, lo correcto es reconocer de dónde procede.
No estamos diciendo que un video para redes sociales deba convertirse en una tesis universitaria ni que cada publicación tenga que estar acompañada de una extensa bibliografía.
Muchas veces basta una frase sencilla:
“Según la investigación de…”
“Como señala el historiador…”
“Este dato aparece en el libro…”
“De acuerdo con la crónica publicada por…”
Y cuando el formato lo permita, se pueden colocar al final las principales fuentes utilizadas.
Eso no disminuye el trabajo del creador digital. Todo lo contrario: le otorga mayor credibilidad.
Además, ofrece al espectador algo muy importante: la posibilidad de acudir a la fuente original, conocer al investigador y seguir profundizando en la historia que acaba de descubrir.
Los niños y jóvenes deben saber de dónde viene esa historia
Este asunto adquiere todavía mayor importancia cuando pensamos en las nuevas generaciones.
Quienes durante años hemos conocido determinadas publicaciones podemos identificar cuándo una historia, una fecha o un dato procede del trabajo de algún investigador o cronista pasqueño.
Pero un adolescente o un niño que escucha esa información por primera vez a través de un video no tiene por qué saberlo.
Para él, la persona que aparece frente a la cámara puede terminar convirtiéndose, involuntariamente, en el aparente autor o descubridor de una historia que posiblemente fue investigada hace veinte, treinta, cuarenta o más años por otra persona.
Allí aparece una paradoja sobre la cual deberíamos reflexionar:
podemos estar utilizando las nuevas tecnologías para preservar la memoria de Pasco y, al mismo tiempo, haciendo invisible la memoria de quienes se dedicaron a investigarla.
No debería ocurrir.
La historia debe seguir siendo contada
Reconocer las fuentes tampoco significa apropiarse de la historia o impedir que otros vuelvan a contarla.
La historia pertenece a la sociedad.
Necesitamos que sea investigada, discutida, reinterpretada y transmitida permanentemente. Cada generación encontrará nuevas herramientas para hacerlo.
Ayer fueron principalmente los libros, periódicos, revistas y la radio. Hoy tenemos videos, transmisiones en vivo, redes sociales y pódcast. Mañana seguramente aparecerán otras formas de comunicación.
Bienvenidas sean.
Lo importante es construir una cultura de reconocimiento: investigar antes de publicar, contrastar la información y mencionar las fuentes utilizadas.
Porque citar no es únicamente una exigencia académica. También es una práctica elemental de honestidad intelectual y una garantía para quien recibe la información.
Si alguien afirma en un video que determinado acontecimiento ocurrió en Cerro de Pasco en una fecha específica, el espectador debería tener la posibilidad de conocer de dónde proviene ese dato. ¿Está registrado en un documento? ¿Lo encontró un historiador? ¿Proviene de una investigación periodística? ¿Es parte de un testimonio oral? ¿O simplemente fue tomado de otra publicación de Internet?
Conocer la fuente permite distinguir la investigación del relato repetido una y otra vez sin saber cuál fue su origen.
Un llamado, no un reproche
Pasco posee una memoria extraordinariamente rica. Existen libros, periódicos antiguos, fotografías, investigaciones y testimonios que todavía esperan ser conocidos por las nuevas generaciones.
Las herramientas digitales pueden convertirse en uno de los mejores vehículos para conseguirlo.
Por eso, este comentario no pretende ser un reproche contra los jóvenes que hoy producen contenido sobre nuestra tierra.
Es una invitación.
Sigan hablando de Pasco.
Sigan haciendo videos, pódcast y contenidos. Sigan contando nuestras historias. Hagan que nuestros niños conozcan de dónde vienen. Recuperen nuestras tradiciones. Pregunten a nuestros mayores. Busquen fotografías. Revisen los libros. Investiguen. Y permitan que quienes viven lejos puedan reencontrarse con su tierra a través de una pantalla.
Pero cuando detrás de una historia exista el trabajo de alguien que investigó antes que nosotros, digamos su nombre.
Cuando utilicemos un libro, mencionemos a su autor. Cuando un dato proceda de una investigación, reconozcamos al investigador. Cuando una fotografía tenga autor conocido, otorguemos el crédito correspondiente.
Porque detrás de una página que hoy podemos consultar en segundos quizá hubo meses o años de búsqueda.
Y porque preservar nuestra historia no consiste solamente en recordar los acontecimientos.
También significa recordar a quienes hicieron el esfuerzo de investigarlos y evitar que fueran olvidados.