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La cápsula azul que desató una tragedia radiactiva en Brasil: cuatro muertos y una ciudad marcada para siempre

01/11/2026 3 min de lectura
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Lo que parecía un hallazgo valioso entre equipos médicos abandonados terminó convirtiéndose en uno de los accidentes radiactivos más graves de la historia. Una sustancia que brillaba en la oscuridad pasó de mano en mano sin que nadie imaginara el peligro que representaba.

Todo comenzó el 13 de septiembre de 1987, cuando dos hombres ingresaron a una clínica abandonada en Goiânia, una ciudad del centro de Brasil, y retiraron parte de un antiguo equipo utilizado para tratar pacientes con cáncer.

El aparato contenía cesio-137, un material altamente radiactivo que, mientras permanecía protegido dentro del equipo médico, podía utilizarse de manera controlada. Sin embargo, al ser desmontado, se convirtió en una amenaza mortal.

Los hombres llevaron las piezas a un depósito de chatarra. Allí, el propietario descubrió algo que despertó su curiosidad: una sustancia que emitía un extraño resplandor azulado.

Atraídos por aquel brillo, familiares y conocidos comenzaron a manipular el material. Algunos fragmentos fueron llevados a distintas viviendas, sin saber que estaban propagando contaminación radiactiva.

foto, Ivo Alves Ferreira, padre de Leide y hermano de Odesson y Devair.

El peligro que nadie podía ver

Los primeros síntomas no tardaron en aparecer. Varias personas comenzaron a presentar vómitos, mareos y lesiones en la piel. Inicialmente, nadie relacionó estos problemas de salud con el material encontrado.

La situación se agravó porque el cesio-137 continuaba circulando entre personas que desconocían sus efectos.

Recién cuando las autoridades identificaron el origen de las enfermedades comenzó una operación de emergencia para localizar a los afectados, medir la contaminación y retirar los materiales peligrosos.

Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), más de 112.000 personas fueron sometidas a controles radiológicos. Se detectó contaminación en 249 personas y cuatro fallecieron durante la fase aguda del accidente.

Entre las víctimas estuvo una niña de seis años, cuyo fallecimiento se convirtió en uno de los episodios más dolorosos de la tragedia.

foto, Leide tenía tan solo 6 años cuando falleció

Una ciudad que tuvo que ser descontaminada

Las consecuencias no terminaron con la atención de los enfermos.

Las autoridades tuvieron que demoler viviendas, retirar tierra contaminada y recoger miles de metros cúbicos de residuos radiactivos. Numerosas familias perdieron sus pertenencias y debieron abandonar temporalmente sus hogares.

El miedo también dejó profundas secuelas. Los sobrevivientes enfrentaron problemas de salud, rechazo social y discriminación, mientras la población intentaba comprender cómo un equipo médico abandonado había provocado semejante desastre.

El OIEA considera el caso de Goiânia uno de los accidentes radiológicos más graves registrados fuera de una instalación nuclear.

Una tragedia que pudo evitarse

Casi cuatro décadas después, el accidente sigue siendo estudiado como ejemplo de lo que puede suceder cuando los materiales peligrosos quedan abandonados sin vigilancia ni controles adecuados.

El cesio-137 tiene aplicaciones médicas e industriales, pero su manipulación exige estrictas medidas de seguridad. Su peligrosidad no depende de que brille o tenga una apariencia extraña: la radiación ionizante no puede identificarse de manera confiable mediante los sentidos.

La tragedia de Goiânia dejó una lección que trasciende las fronteras de Brasil: los riesgos ambientales y sanitarios no desaparecen cuando una instalación deja de funcionar. Sin supervisión, información y responsabilidad sobre los materiales peligrosos, las consecuencias pueden alcanzar a toda una comunidad.

Fuentes: BBC News Mundo y Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

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