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Vivimos conectados, pero cada vez nos cuesta más concentrarnos y pensar con profundidad

Las redes sociales, los videos cortos y la inteligencia artificial están transformando nuestros hábitos de atención. Una neurocientífica explica por qué la rapidez digital puede afectar nuestra capacidad de concentrarnos y reflexionar.

10/10/2026 4 min de lectura
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Las redes sociales, los videos cortos y el uso constante de inteligencia artificial están cambiando nuestra manera de prestar atención, recordar y procesar información. La neurocientífica María José Rubio advierte sobre los riesgos de acostumbrar al cerebro a recibir respuestas y estímulos inmediatos.

Pasamos buena parte del día mirando una pantalla. Revisamos mensajes, saltamos de una noticia a otra, vemos videos de pocos segundos y consultamos a la inteligencia artificial para resolver casi cualquier duda. Tenemos más información al alcance que en cualquier otra época, pero eso no significa necesariamente que la estemos comprendiendo mejor.

La neurocientífica María José Rubio, docente de la Universidad Internacional de Valencia, plantea una preocupación que va más allá del tiempo que dedicamos al celular: estamos acostumbrando nuestra mente a la rapidez y dejando menos espacio para la concentración, la reflexión y el pensamiento profundo.

En una entrevista concedida a la revista española Ethic, realizada por la periodista Mariana Toro Nader, la especialista sostiene que el problema no consiste en que el cerebro esté perdiendo sus capacidades, sino en los hábitos que desarrollamos al consumir información de manera fragmentada.

El problema de acostumbrarnos a lo inmediato

Las plataformas digitales están diseñadas para mantener nuestra atención. Cada notificación, comentario o nuevo video ofrece la posibilidad de encontrar algo interesante, divertido o sorprendente.

Ese mecanismo nos impulsa a continuar deslizando la pantalla, muchas veces sin un propósito definido.

Según Rubio, la exposición constante a estos estímulos puede dificultar actividades que requieren paciencia, como leer un libro, estudiar, escuchar una conversación prolongada o analizar un problema complejo.

La especialista advierte que el cerebro tiene capacidad para adaptarse a nuestros hábitos. Si privilegiamos permanentemente la información rápida, corremos el riesgo de acostumbrarnos a una atención fragmentada.

¿La inteligencia artificial está pensando por nosotros?

La preocupación también alcanza a herramientas como ChatGPT y otros asistentes de inteligencia artificial.

Rubio reconoce que estas tecnologías pueden ser valiosas para aprender, investigar y explorar nuevas ideas. Sin embargo, advierte que existe un riesgo cuando comenzamos a utilizarlas para reemplazar el esfuerzo de razonar.

Pedir una explicación sobre un tema puede ayudarnos a comprenderlo. Pero aceptar una respuesta sin revisarla, contrastarla o cuestionarla puede convertirnos en consumidores pasivos de información.

La diferencia está en utilizar la tecnología como apoyo para pensar mejor o permitir que haga todo el trabajo intelectual por nosotros.

No estamos perdiendo la memoria, pero cambiamos nuestros hábitos

Otro aspecto que aborda la especialista es nuestra relación con la memoria.

Antes era necesario recordar números telefónicos, direcciones y numerosos datos cotidianos. Ahora sabemos que buena parte de esa información está disponible con una búsqueda en internet.

Esto no significa necesariamente que tengamos menos memoria. Lo que cambia es la manera en que decidimos utilizarla.

El problema aparece cuando dejamos de ejercitar otras capacidades, como comparar información, construir argumentos, cuestionar afirmaciones y elaborar conclusiones propias.

Recuperar el hábito de pensar sin interrupciones

Frente a este escenario, Rubio propone medidas sencillas: dedicar momentos del día a actividades sin pantallas, reducir las notificaciones, recuperar la lectura prolongada, escribir a mano y aprender a convivir con momentos de aburrimiento.

No se trata de abandonar internet ni de considerar perjudicial toda tecnología. Tampoco está demostrado que el uso de pantallas provoque inevitablemente un deterioro general de nuestras capacidades cognitivas. Sus efectos dependen de factores como la intensidad de uso, el tipo de actividad y las condiciones personales.

La discusión es especialmente importante para la educación y el periodismo.

En un entorno donde las noticias se consumen en segundos y los titulares compiten por llamar la atención, resulta cada vez más necesario detenerse, leer más allá de una publicación y contrastar las versiones antes de formarse una opinión.

Porque estar informado no consiste únicamente en recibir noticias. También implica comprenderlas, relacionarlas y pensar críticamente sobre lo que ocurre.

La tecnología puede acercarnos al conocimiento como nunca antes. El desafío es que esa facilidad no termine alejándonos del hábito de pensar por nosotros mismos.

Fuente: Entrevista de Mariana Toro Nader a María José Rubio, publicada en la revista española Ethic.

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