Historia

La trucha no siempre estuvo en el Perú y su historia comenzó hace un siglo en la sierra central

Hace un siglo, trabajadores de la Cerro de Pasco Copper Corporation impulsaron la llegada de la trucha arcoíris al Perú. El historiador César Pérez Arauco recuperó esta historia y un singular episodio ocurrido en Cerro de Pasco.

11/10/2026 6 min de lectura
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La llegada de este pez a los ríos y lagunas peruanos estuvo vinculada a trabajadores de la Cerro de Pasco Copper Corporation. El historiador César Pérez Arauco recuperó esta historia a través de recuerdos de infancia y episodios que marcaron la vida de los antiguos cerreños.

Hoy resulta difícil imaginar los ríos y lagunas de la sierra peruana sin truchas. Este pez forma parte de la alimentación de miles de familias y es uno de los productos más conocidos de la gastronomía andina. Sin embargo, hace poco más de un siglo, la trucha arcoíris no existía en las aguas del Perú.

Su llegada tiene una historia estrechamente relacionada con la actividad minera en la sierra central y, particularmente, con la Cerro de Pasco Copper Corporation, empresa estadounidense que operaba en Cerro de Pasco y La Oroya.

El historiador cerreño César Pérez Arauco recogió parte de esta historia en su artículo Cómo y cuándo apareció la trucha en el Perú, donde reconstruye las primeras experiencias de crianza y distribución de esta especie, junto con recuerdos de su infancia en Cerro de Pasco.

Una iniciativa nacida en La Oroya

La introducción de la trucha arcoíris se remonta a 1925, según información histórica recopilada por el Ministerio del Ambiente y el Ministerio de la Producción.

Dos trabajadores vinculados a la Cerro de Pasco Copper Corporation, B. T. Colley y J. F. Mitchell, impulsaron la importación de huevos fecundados de trucha desde Estados Unidos, con la intención de criar estos peces en las aguas frías de la sierra central.

Los primeros intentos enfrentaron dificultades. Los largos viajes, las condiciones de transporte y las limitaciones para conservar los huevos provocaron pérdidas importantes.

Posteriormente, los impulsores lograron obtener alrededor de 50 mil alevinos en un criadero artesanal instalado junto al Golf Club de Chulec, en La Oroya.

Cuando los peces alcanzaron el tamaño adecuado, fueron introducidos en el río Tishgo y en el lago Chinchaycocha, también conocido como lago Junín, uno de los principales cuerpos de agua de la sierra central.

Aquella experiencia marcó el comienzo de la expansión de la trucha arcoíris por distintas regiones del país.

Las primeras truchas sorprendieron a los pobladores

En su relato, Pérez Arauco describe la incertidumbre de quienes habían impulsado la crianza. Después de liberar los peces, estos desaparecieron de la vista y durante un tiempo se temió que no hubieran sobrevivido.

El historiador cuenta que la sorpresa llegó cuando Gretta Williams, esposa de un funcionario de la compañía, pescó una enorme trucha de aproximadamente doce libras debajo del puente de Chulec.

También menciona capturas realizadas por Norman Kelly, médico que había trabajado en el Hospital La Esperanza de Cerro de Pasco.

Estos episodios, recogidos por Pérez Arauco, forman parte de la memoria histórica sobre la adaptación de la trucha a las aguas de la sierra central, aunque los detalles de aquellas capturas no han podido corroborarse de manera independiente.

Con el tiempo, trabajadores de la compañía llevaron ejemplares a otros cursos de agua de Junín y Pasco, contribuyendo a la expansión de la especie.

El día en que Cerro de Pasco se llenó de truchas

Uno de los pasajes más llamativos del artículo de Pérez Arauco no trata de los criaderos, sino de un acontecimiento que presenció cuando era niño.

El historiador recuerda la rotura de la represa de Cuchis, que almacenaba agua destinada a las instalaciones metalúrgicas de la empresa norteamericana.

Según su testimonio, aquella mañana los vecinos salieron alarmados al escuchar que la represa había quedado destruida.

Al llegar al lugar encontraron una escena difícil de olvidar: enormes cantidades de ranas y truchas habían quedado esparcidas por la pampa, incluso entre los rieles del ferrocarril.

Los pobladores comenzaron a recoger los animales en costales, canastas y manteles. La abundancia fue tal que, según el historiador, durante los días siguientes se vendían costales de truchas y ranas a precios muy bajos.

Pérez Arauco recuerda que, por aquellos días, prácticamente no se comía otra cosa en la ciudad.

La anécdota ofrece una imagen singular del antiguo Cerro de Pasco y de la manera en que un acontecimiento inesperado quedó registrado en la memoria de sus habitantes.

De La Oroya al criadero de Ingenio

La experiencia iniciada por trabajadores de la empresa minera también dio origen a una actividad que posteriormente se desarrollaría en otras zonas del país.

En 1930, J. F. Mitchell entregó 50 truchas a Juan Morales Vivanco, quien inició su crianza en una poza artesanal en la zona de Quichuay, cerca de Ingenio, en Junín.

Esta experiencia sentó las bases del actual Centro Piscícola El Ingenio, uno de los establecimientos históricos más representativos de la crianza de truchas en el Perú.

Aunque Pérez Arauco sitúa este episodio en 1936, la documentación del Ministerio de la Producción y el inventario turístico oficial del Mincetur coinciden en señalar que ocurrió en 1930.

Esta diferencia de fechas permite precisar la cronología sin restarle valor al testimonio del historiador cerreño.

Una especie que transformó la alimentación, pero también los ecosistemas

La trucha arcoíris, cuyo nombre científico es Oncorhynchus mykiss, es originaria de América del Norte.

Con el paso de las décadas se convirtió en un recurso importante para la alimentación, la piscicultura y la economía de numerosas poblaciones altoandinas.

Sin embargo, su introducción también tuvo consecuencias ecológicas.

Al tratarse de una especie que no pertenece originalmente a los ecosistemas acuáticos peruanos, su presencia puede generar competencia por alimento y depredación sobre peces y otros organismos nativos.

Por ello, el Ministerio del Ambiente considera importante estudiar su distribución, manejo y efectos sobre la biodiversidad.

La historia de la trucha peruana tiene, entonces, dos dimensiones: la de una actividad que generó nuevas oportunidades económicas y alimentarias, y la de una especie introducida cuyo aprovechamiento exige responsabilidad ambiental.

Una historia que también pertenece a Pasco

A un siglo de aquellas primeras experiencias, la trucha está profundamente incorporada a las costumbres alimentarias de la sierra peruana.

Pero detrás de su presencia en los mercados, restaurantes, ríos y piscigranjas existe una historia que comenzó en la sierra central y estuvo relacionada con la actividad de la Cerro de Pasco Copper Corporation.

El relato de César Pérez Arauco permite recuperar esa conexión y recordar cómo determinados acontecimientos, aparentemente cotidianos, terminan formando parte de la historia de una ciudad.

La próxima vez que una trucha llegue a la mesa, quizá valga la pena recordar que este pez no siempre habitó nuestras lagunas y que una parte de su historia peruana comenzó muy cerca de Cerro de Pasco.

Nota de fuentes: Esta crónica toma como referencia el artículo Cómo y cuándo apareció la trucha en el Perú, de César Pérez Arauco, y contrasta sus datos históricos con publicaciones del Ministerio del Ambiente, el Ministerio de la Producción y el inventario turístico del Mincetur. Los recuerdos sobre Cuchis y las primeras capturas corresponden al testimonio del historiador.

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